CUIDANDO NUESTRAS EMOCIONES: UN CHEQUEO DE LA SALUD EMOCIONAL.

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Crecemos dando un infinito valor a nuestra salud física, un dolor de cabeza persistente o una gripe que no acaba de curarse parecen situaciones que cuando no conseguimos mejorar, deshacernos de dicho malestar o incómodo dolor, nos hace recurrir a un profesional de la salud.

Por el contrario aquella salud relacionada con un dolor emocional, sentimientos de apatía, soledad o incertidumbre que pudiese estar afectando de una manera más amplia a nuestro funcionamiento suele ser la que parece relegada a ocupar un segundo plano.

¿Qué nos ocurre para no acudir a un profesional de la salud cuando sentimos dolor emocional: culpa, pérdida, soledad?

Muchas personas lidian con problemas comunes de salud psicológica, siendo imprescindible una atención a nuestra higiene emocional, cuidando nuestras emociones, nuestras mentes, con la misma diligencia con la que cuidamos nuestros cuerpos.

Desde una edad temprana nos han enseñado que cuando tenemos un pequeño corte o una herida debemos desinfectarla y luego taparla con algún tipo de tirita o venda. Pero, ¿que sabemos de la higiene emocional, de cómo mantener una adecuada salud emocional?

Diariamente nos preocupamos por aspectos importantes para la salud física como lavarnos los dientes, los alimentos que comemos o el deporte que debemos hacer. Cuando notamos un pequeño dolor de cabeza buscamos una solución inmediata como podría ser el beber suficiente agua por si estuviésemos deshidratados o una medicación que aliviara dicha molestia.

Nos preocupamos más de aquel tipo de salud física que de aquella que debe lidiar con sentimientos negativos de malestar que nos sobrecogen y afectan directamente a cómo nos enfrentamos a nuestro día a día.

Suena ridículo que a una persona que muestra un intenso dolor físico por una rotura de su pie le planteemos que no pasa nada y que no será para tanto, que no le dé tanta importancia y que siga con su vida. Esto sí lo hacemos de manera habitual con aquella persona que está triste, agobiada o perdida emocionalmente y que sintiendo un intenso dolor emocional, le decimos que siga, que no se queje.

Es necesario que la salud física y aquella emocional caminen juntas y tengan la misma importancia.

El miedo a la soledad, la angustia del fracaso y numerosas preocupaciones de nuestro día día nos convierte en personas más vulnerables, sumidas en una espiral de afectividad negativa asociada a constantes pensamientos o sentimientos de ansiedad, estrés, etc., y a respuestas emocionales impulsivas.

La falta de este bienestar emocional, sentimientos de inseguridad, de desconfianza o la incertidumbre generada en situaciones de cambio, nos puede incluso llegar a desconectar de otras personas generando un desequilibrio relacional en diferentes espacios de nuestra vida.

Una atención periódica de nuestra salud emocional puede ayudarnos a evaluar riesgos para nuestra vida, prevenir la aparición de dolencias más graves o incluso frenar cualquier efecto negativo en nuestro bienestar general.

Factores a nivel laboral (estrés), familiar o de pareja, estilos de vida poco saludables, cambios inesperados o experiencias difíciles entre otros son aspectos a los que debemos mirar y prestar atención. Un cuidado o chequeo regular puede posibilitar mejoras en el funcionamiento de la persona y atender a aquellos diferentes factores que puedan estar afectándola.

Se antoja imprescindible enfocar de manera intencionada nuestra mirada hacia cómo nos sentimos, pensamos y nos comportamos.

 

 

 

 

Avati

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