CORRIENDO A TODOS LOS LADOS.

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Desde que somos pequeñitas nos han enseñado a ir corriendo a todos lados, a no demorarnos, a que todo sea para ahora y ya. Vístete rápido, no te pares, date prisa que pierdes la mañana.  

Cada vez las conexiones de internet son mas rápidas, 3g, 4g, es más importante cuanto trabajo puedes hacer en menos tiempo, queremos saber todo del otro casi antes de conocerle. Queremos que los animales y las plantas crezcan antes para que sean más productivos o den mas frutos. Hacemos cursos intensivos para aprender más y más rápido.  Corremos porque se escapa  el tren, metro o el autobús, sin recordar que hay otro. Corremos para que el semáforo no se ponga en rojo, como si esa fuera la ultima vez que lo vamos a ver en verde.

Y lo mejor de todo, es que a esto lo llamamos evolución, progreso. Parece que para ser felices o mejores tenemos que llegar antes, aunque no sepamos a donde, aunque el precio que tengamos que pagar sea el estrés, la ansiedad y olvidarnos de disfrutar del camino.  

Deja de perder el tiempo y haz lo que tienes que hacer nos decían, ¿hacer?…

¿Qué es eso que tengo que hacer y que además es tan importante para tener que hacerlo ya?

Nos empujan a ir rápidas, haciendo que nos olvidemos de disfrutar de las pequeñas cosas del viaje, nos han intentado inculcar que lo lento, es malo o negativo, pero quizás sea que el no saber a dónde vamos nos da miedo, que estar perdidos nos aterra y por eso corremos.

Y si nos centramos en el aquí y ahora, y si volvemos a disfrutar del camino independiente del destino o de cuando llegaremos; Sentir el agua por nuestro cuerpo en la ducha de la mañana, saborear cada bocado de nuestro desayuno, sentir el sol entrando por las rendijas de la persiana, disfrutar de un momento de conversación con el vecino al bajar por las escaleras,  escuchar los ruidos de la ciudad de camino al trabajo, descubrir esos lugares cuando levantas la cabeza y miras mas allá de tu móvil, observar la sonrisa de la persona que tienes frente a ti en el vagón, abrazar a un amigo, empaparte de un buen libro, sentir un atardecer o simplemente estremecerte por el murmullo de las olas. 

Un maestro budista, Thich Nhat Hanh, nos traslada la importancia de conectarnos con el momento actual, “aunque no estemos hablando con alguien, leyendo, escuchando la radio, mirando la televisión o interactuando en Internet, la mayoría de las personas no nos sentimos centradas o en calma […]. Incluso mientras estamos sentados en quietud, sin recibir estímulos del exterior, seguimos manteniendo un interminable diálogo en nuestra cabeza”. 

Sin prisa, sin estrés, sin la necesidad de lo que viene después. Al fin y al cabo, no se trata de correr para llegar al lugar perfecto, sino de hacer de aquel sitio en el que te encuentres, el lugar perfecto. 

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